El Libertino - Aventuras en Cuba por Costa Di Santi

El personaje principal

El Libertino – Aventuras en Cuba – Ante todo creo que es importante de hablarte del personaje principal y de su mentalidad antes de que comiences la lectura. Para empezar, hace falta saber que la mayoría de esos relatos son verdaderos, y que ocurrieron sobre un periodo de varios años. La mentalidad de este personaje era por lo menos original y muy especial en lo que concierne el sexo. Digamos en seguida que era bisexual.

Aunque no lo supe hasta los treinta. En pensarlo bien, que estemos de acuerdo o no, esa característica le da a uno una cantidad de oportunidades. Algo que no le fue a él instantáneo, sino desarrollado a través de numerosas experiencias y pruebas sexuales. También, hay que notar que los cuentos no tienen necesariamente orden cronológico. Aunque nunca le gustó clasificar las cosas como tal, y las cosas siendo como son, se debe admitir que esa costumbre del género humano de hacerlo hace parte intrínseca de su índole. No habrá nada de nuevo diciendo que el hombre siempre fue a la exploración de su propio universo. Así, como un defecto natural, siempre fue buscando, explorando, viendo y, últimamente, encajando cada cosa en una casilla particular. Y el dominio de la sexualidad, por consecuencia, no hace excepción. Por eso, aunque existe hoy en día una apertura hacia el sexo se puede decir que las diferentes orientaciones sexuales consideradas y respetadas de nuestra sociedad se encuentran todavía limitadas. Eso es que para la gran mayoría de la gente existe de un lado la heterosexualidad y del otro los prejuicios hacia lo que no es “hetero”. Por aquellas razones, y para encasillar come lo hace la mayoría de la gente, encontrarás aquí, a través de los capítulos, una clasificación de su propia inventiva. Pero la verdadera razón es que te darás una mejor idea de la percepción de Damiel hacia los tipos de encuentros posibles.

Ver el cuadro Niveles de encuentro sexual creado por Damiel.

Siguiendo ese raciocinio, tenemos que admitir que habitualmente la heterosexualidad se clasifique como la sexualidad “normal”. Todas las demás son generalmente consideradas como “anormales” o “marginales”. Eso es precisamente lo que siempre le molestó. Siempre según su propia experiencia, la orientación sexual de un individuo no hay nada que ver con su valor. Se puede tratar de un trabajador tanto como un juez. Ello no cambia nada. Si la persona está bien con sí misma y, sobre todo, respeta a los demás, ya, no hay ningún problema. Desafortunadamente, todavía estamos viviendo y padeciendo un mundo de muchos prejuicios.

Aún según nuestro personaje, sabiendo que el sexo tiene su lugar en el verdadero amor, percibe él el placer sexual como un placer normal. Como las acciones de comer y beber. Y te añadiría que los placeres siempre fueron para aprovechar. “Abusus non tollit usum”, dice el proverbio latín. El abuso no excluye el uso. Dicho de otro modo, entre abuso y abstinencia algo existe. Sobre todo, el placer sexual, fruición sexual, como dice él. Y nunca debería uno confundirlo con el gesto de la procreación. Un gesto que para siempre se quedará lo más alto, lo más bello de la vida. Aún más, los que son capaces de desarrollar una amplitud de miras hacia la sexualidad, una sexualidad plena y bien asumida, suelen ser personas más tolerantes, más abiertas, y, sobre todo, menos frustradas.

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Ahora bien, hablamos del personaje. Damiel es su nombre. Entendido que se trata de un remoquete. Es Quebequés, soltero y libre. De buena pinta y salud, siempre se halla bien puesto. Mide algo como un metro setenta y tiene el cabello castaño. También, tiene un apetito sexual muy arriba del promedio general. Es decir que a él le gusta muchísimo el sexo. Hasta calificarse a sí mismo como lúbrico, aún concupiscente. Sin tener uno de los gordos penes, su erección se ve muy eficiente. Muy prolongada. Sin querer jactarse lo tiene bonito: muy duro, curvado, apuntado al cielo, cuando erecto. Una herramienta de quince centímetros de largo y cuatro de diámetro. Nada bien sofisticado, pero suficiente para aprovecharlo. Y usarlo.

Damiel empecé su vida sexual a los trece años, y definitivamente su característica principal fue la resistencia. Esto es que podía quedarse en erección largo tiempo, aún después de haber eyaculado.

¡Ay, hombre! casi olvidé decirte algo importante. Para Damiel el sexo es una cosa que siempre debe quedarse sencillo. Quiere decir que cuando uno tiene ganas de sexo, no debería tener más que decirlo a su pareja, que sea mujer u hombre. El sexo es sexo. Puro sexo. Punto. El amor, es otra cosa.

Además, desde muy joven siempre fue atraído por la belleza del cuerpo humano. Y a partir de las treinta, fue activo tanto con los hombres como las mujeres. Sin embargo, su pareja siempre tenía que demostrar ciertas características. Más precisamente, la persona, mujer u hombre, tenía de presentar una bella cara, con buena personalidad, y, lo más importante, ser guapa de cuerpo. Pero al final, cualquiera hubo sido la personalidad de la persona, siempre que se estuvo bien con sí misma.

La razón por la cual a él le ocurrieron tantos encuentros, tantas experiencias, fue probablemente que nunca hizo el error de juzgar a uno por su orientación sexual.

Seguramente, aunque bisexual, le gustaba decir que no era enamorado de los hombres, sino que sabía apreciar un buen cuerpo.

Otramente dicho, aunque libertino, chocarrero, verde, lúbrico, salaz y concupiscente a sus horas, Damiel el libidinoso es también un ser tierno, sensible y, sobre todo, fascinado por la plástica corporal del cuerpo humano, mujer u hombre. Otro punto importante. Como lo verás, fue durante la relación con su primera novia que Damiel realizó que nunca iba a ser solo en la vida. Porque ya eran dos. Y no estoy hablando de la chica, sino de su pene. Un pene que tenía su propia personalidad y su propia capacidad de decisión. Tanto que Damiel acabó para atribuirlo el mote de Ed. Ed como en Eduardo. Un mote que, muchas experiencias después, en los tiempos de las aventuras en Cuba, cambiará en Gringo. Que sea Ed o Gringo, les ocurrirán bastante a menudo de no estar de acuerdo.

Por fin, como autor, tengo que precisar que Damiel fue muy amigo mío, y que, durante muchos años, a fuerza de hablar, charlar y discutir juntos, yo descubrí cosas interesantes. Asombrosas aún. Por tanto, de cuando en cuando y para enriquecerlo, agregué al largo del texto algunos comentarios emitidos de su parte e identificados con la palabra “detalle”.

También, cabe mencionar como advertencia que los textos explícitos y la crudeza de las escenas descritas en este libro no han sido escritos para los que se consideran como reservados, o de temple puritano. Sobre todo que, a través de una cierta progresión, no sólo son eróticos sino pornográficos. Entonces he aquí las aventuras y proezas sexuales de nuestro amigo Damiel.

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